La religión verdadera

Tema : La adoración genuina
Texto : ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Miqueas 6:6-8

Propósito : Mostrar lo insensato que es presentar a Dios una religión ritualista, si esta no va acompañada de una vida rendida a Dios, manifestada en la rectitud, la justicia y la humildad.
Introducción : Los contemporáneos del profeta Miqueas, estaban presentando un culto equivocado. Su adoración consistía solo del ritual, careciendo del sentido más pleno, es decir, la verdad que representaba el ritual. Pensaban que ofreciendo millares de animales y arroyos de aceite, y coronándolos de sacrificios humanos, lograrían agradar al Dios Altísimo. ¡Qué abominación! ¡Cuán equivocados estaban!.
Proposición : Dios llama a todos los hombres, en todas las épocas, a presentar una religión verdadera que satisfaga sus demandas.
O.T. : Conozcamos tres características que manifiestan, según Miqueas, la religión verdadera.

I. LLEVAR UNA VIDA REVESTIDA DE JUSTICIA
A. 1. La justicia es un atributo de Dios, por tanto, el hombre para gozar de comunión con Él, debe manifestar un carácter revestido de esa justicia.2. La base para una moral santa es la justicia divina aplicada a la vida diaria. No basta con conocer lo que es justo, sino que es necesario poner ese conocimiento por obra. Los abusos de los poderosos en contra de los desposeídos, hacen un urgente llamado en las palabras del profeta, a condenar la injusticia de ellos.3. El “hacer justicia” se manifiesta en una justa relación con el prójimo en asuntos familiares, sociales, políticos, laborales, etc. Presentarse delante de Dios con las manos manchadas por la injusticia, es insensatez del alma.
B. Ilustración: El Precio de la JusticiaUn joven abogado, presenció un acontecimiento que marcaría su vida para siempre: una venta de esclavos. El trato del cual eran objetos aquellos desdichados era inhumano. Los niños lloraban, las madres se lamentaban y los padres se esforzaban por impedir que sus familias fueran desintegradas. Todo era en vano. Con ojos llenos de lagrimas, aquel joven contempló como la maldad del hombre destruye al hombre. Ante aquel cuadro de terror, el joven juró dedicar su vida para terminar con aquella injusticia.Pasaron los años, y el joven abogado, en 1860, llegó a ser el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica. Su nombre, Abraham Lincoln. Cumplió su promesa, lucho por la abolición de la esclavitud, lo cual hizo estallar la guerra de Secesión. El 1° de enero de 1863, en su calidad de Presidente, proclamó la libertad de los esclavos. El precio de la justicia, que Lincoln debió pagar, fue alto. Tras la victoria del Norte, el 15 de abril de 1865, murió a manos de un esclavista. Pero su legado fue estandarte de lucha para muchos hombres, que a costa de sus vidas, amaron la justicia.C. La justicia no es gratuita, exige un alto costo. Pero bien vale la pena pagar tan alto precio, si ello resulta en beneficio de nuestros semejantes. Mitigar el dolor del que sufre, es una necesidad para el hombre que ama la justicia.
D. Así como Lincoln sintió propia la injusticia de los demás, así nosotros debemos dolernos con quienes las padecen. Debemos atender a las necesidades de nuestros semejantes; sentir nuestro su infortunio, para así encontrar justicia y ministrarla al que padece los males del hombre. Busquemos la justicia, primeramente, con los de la familia de la fe, y posteriormente, con todos. Todo sacrificio u ofrenda presentada a Dios, que no este revestida de justicia, es inútil como expresión de genuina adoración. Dios se agrada cuando nuestra adoración se viste del ropaje resplandeciente de la justicia.

II. BUSCAR EL BIENESTAR DE NUESTROS SEMEJANTES
A. 1. Cuándo hablamos de misericordia, ¿a qué nos estamos refiriendo? La misericordia, “es un atributo de Dios, en cuya virtud, sin sentir tristeza o compasión por los pecados y miserias de los hombres, los perdona” y redime. “Es el misericordioso favor del superior al inferior, completamente inmerecido.” 2. Al ser creados a “imagen de Dios”, esa misma virtud está en nosotros. Y es ella la que nos inclina a dolernos ante los males de nuestros semejantes. 3. Quien no ejerce una actitud misericordiosa ante de Dios, manifestada en la búsqueda del bienestar de nuestros semejantes, no puede esperar alcanzar misericordia delante de Él. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzaran misericordia (Mateo 5:7)4. Deberíamos atender a los consejos del sabio: Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón. (Pr. 3:3) A su alma hace bien el misericordioso; más el cruel se atormenta a sí mismo. (Pr. 11:17).La base de la misericordia es la justicia, es la bondad. La justicia implica deuda: la bondad, un favor gratuito. Y los oprimidos contemporáneos del profeta, lloran por ella sin tener con que pagarla.B. Ilustración: La Misericordia Es Más Poderosa Que Mil SermonesDurante la tarde de un día de invierno, una niña de corta edad, se movilizaba en su bicicleta. La niña regresaba a su casa, después de haber realizado algunas compras. A causa del pavimento resbaladizo, la niña perdió el equilibrio y cayó. El golpe que sufrió fue bastante severo, por lo cual tardó en colocarse de pie. Un pastor que pasaba por allí, al ver caída a la niña, detuvo su auto y corrió a socorrerla. Limpio sus vestidos y su cara, mientras la niña, en silencio, lloraba. El pastor recogió las pertenencias de la niña y su bicicleta, y ofreciendo llevarla a su casa, las subió al vehículo. Al llegar a la casa de la niña, la madre al ver que el hombre era un pastor, le dijo: “gracias, por haber ayudado a mi hija, pero debo pedirle que se retire, pues mi esposo está por llegar y él no se agrada de los pastores.” Terminada sus palabras, el esposo apareció en la puerta. El hombre, al ver al pastor, le pidió que se retirara y no volviera. El pastor viendo la reacción del hombre, se despidió; regreso a su vehículo y continuo su camino.El domingo siguiente, grande fue la sorpresa del pastor al ver entrar en la iglesia a aquel hombre. El hombre, sin decir palabra alguna, se sentó en la última banca. Terminado el servicio, se levantó y se retiró. Al domingo siguiente, nuevamente entró en la iglesia y tomó el mismo lugar. Terminada la predicación, el pastor hizo el llamado. El hombre se puso de pie, se dirigió adelante y entregó su vida a Cristo.El pastor intrigado, le preguntó al hombre, cual de sus dos sermones le había impactado más en la decisión de entregar su vida a Cristo. Sorprendido se mostró el pastor, cuando el hombre le dijo que ninguno de ellos lo había impactado. Entonces, ¿ qué fue? Preguntó el pastor. A lo cual el hombre, respondió: -El otro día, Usted fue bondadoso con mi hija, y eso vale más que mil palabras.
C. La misericordia, al igual que la bondad, son expresiones del fruto del Espíritu que nacen ante los momentos de crisis de nuestros semejantes. Si no somos capaces de sentir compasión por el que padece, jamás sabremos lo que es la misericordia, la bondad y el amor hacia el prójimo.
D. Dios no desea tanto nuestras pertenencias como nos desea a nosotros mismos. Sigamos el consejo del apóstol Pablo y presentémonos nosotros mismos “en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que es nuestro culto racional” (Rom. 12:1).

III. HUMILLARSE ANTE LA PRESENCIA DE DIOS
A. 1. La humildad es una necesidad, pues esta forma parte del carácter de Dios, y es a él a quien debemos tomar como modelo. Además, demanda de quien le adora, que se humille ante Él.2. La humildad no es otra cosa que someternos a otra persona para caminar junto a ella en comunión. El profeta Amos, pregunta: “¿Andarán dos juntos, sino estuvieren de acuerdo? (3:3). Nadie puede caminar junto a Dios, si primero no se humilla delante de Él.3. El profeta Isaías, proclama: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” (57:15)4. El escritor de proverbios, nos advierte: “Mejor es humillar el espíritu con los humildes, que repartir despojos con los soberbios.” (16:19).
B. Ilustración: Así Es Mi Vida, Como Tu…Un hombre, que en su mano tenia una piedrecilla, decía a ella: Así es mi vida, como tu…Piedrecilla, pequeña y ligera.Que rueda por los caminos, como tu.Que en días de tormenta, se hunde en el barro.Y que luego brilla bajo los cascos y las ruedas.Así es mi vida, como tu…Que no has servido para ser piedra de Lonja.Ni piedra de edificio, palacio o catedral,Tan solo as sido hecha para la honda,Piedrecilla, pequeña y ligera.Así es mi vida, como tu…
C. De la humildad, depende el carácter del adorador. Dios se agrada de las pequeñas cosas, como la humildad sincera, nacida de un corazón rendido a Él, así como se rinde la espiga de trigo ante el sol, para presentar a este el fruto de su vida. Los millares de sacrificios podrán correr como ríos de aceite, pero jamás agradaran a Dios, pues por si solos nada valen. Solo el oferente les da valor, sí este los reviste de genuina humildad.
D. No debemos tener un concepto mayor de nuestra humildad, que el que debemos de tener. No sea cosa que nos suceda como aquel pastor, que cuando una mujer, ya anciana, se le acercó y le dijo: -estoy muy sorda ya, pero igual vengo a llenarme de la Palabra de Dios. A lo cual respondió: -No se está perdiendo gran cosa. -Sí, eso dicen todos, replicó ella.

Conclusión : El profeta Miqueas, pregunta: ¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¡No! ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¡No! ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? ¡No! ¡Me presentaré delante de Él con una vida revestida de justicia, misericordia y humildad! Ese será mi sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.

Por Juan C. Castro A.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *